Olor a perro
Ónix
El mejor olor del mundo: confianza y lealtad
Hay olores que no se olvidan.
Se quedan a vivir en algún lugar de la memoria.
El olor de casa.
El de la infancia.
El de quienes nos cuidan.
Para mí, las personas también tienen olor.
Algunos huelen a calma.
Otros a prisa.
Otros a miedo.
Y hay un olor que siempre reconozco:
el de la confianza.
El de la lealtad.
Ese que vosotros llamáis olor a perro
y que para mí es hogar.
Yo no recuerdo como vosotros.
Yo recuerdo con la nariz.
Cada paseo es una historia.
Cada rastro, un mensaje.
Cada olor, una emoción.
Cuando me detengo a olisquear no pierdo el tiempo.
Leo el mundo.
Me sitúo.
Entiendo quién ha pasado antes, quién está cerca, quién pertenece y quién no.
No es manía.
Es lenguaje.
El olfato: cómo los perros entendemos el mundo
El olfato es el sentido más desarrollado del perro.
Nuestra capacidad olfativa es entre 10.000 y 100.000 veces más potente que la humana.
El cerebro recibe información constante de todos los órganos sensoriales, pero es la nariz la que organiza gran parte de lo que sabemos del entorno.
Gracias al olfato, los perros hemos podido sobrevivir, comunicarnos y adaptarnos durante miles de años.
Los olores llegan a la mucosa olfativa y se transforman en información.
Esa información se guarda como un mapa olfativo, capaz de permanecer en la memoria durante mucho tiempo y de activar conductas concretas según el olor percibido.
Por eso se dice que los perros “vemos” a través de la nariz.
Además, contamos con un órgano auxiliar —el órgano de Jacobson, situado entre la trufa y la boca— que nos permite captar partículas del aire y procesar olores que vosotros no percibís.
La humedad de la nariz es clave para esta función, ya que facilita la captación de las sustancias químicas que componen los aromas.
Cuando un perro olisquea a otro, no está siendo maleducado.
Está recopilando información: edad, sexo, estado emocional y de salud.
Las glándulas situadas bajo la cola segregan sustancias únicas en cada individuo, creando mensajes que se leen y se dejan por el mundo.
El olfato también explica por qué los perros recordamos personas, lugares y experiencias a través del olor, incluso más que por la imagen.
En perros pastores, el olfato es una herramienta fundamental para reconocer al rebaño y detectar amenazas.
En perros de trabajo —rescate, detección, policía— se utiliza para localizar personas, drogas, explosivos o incluso enfermedades como diabetes, hipoglucemia o ciertos tipos de cáncer.
En los últimos años, además, la detección deportiva de olores se ha convertido en una actividad que fomenta la cooperación, el vínculo y el bienestar emocional entre perro y guía.
Ser perro, también en casa
(Luna y Ónix)
Ser perro implica oler.
Mucho.
Aunque a veces no nos guste.
Aunque no siempre lo entendamos.
Permitir que un perro use su nariz es permitirle ser quien es.
Negarle el olfato es desconectarle del mundo.
Convivir con un perro implica poner cabeza, corazón… y trufa.
Inma Díaz Sol

