Si yo pudiera hablar

Ónix

No vengo con manual.
Nunca lo hice.

Entro en casas, en rutinas, en días que no siempre comprendo.
Aprendo sobre la marcha.
Miro.
Espero.

A veces hago cosas que no encajan.
Salto cuando me emociono.
Ladro cuando algo me inquieta.
Escarbo, exploro, me muevo.

No es desobediencia.
Es naturaleza.

No soy igual que otros perros.
No aprendo igual.
No siento igual.
Y aun así, muchas veces se espera que actúe como si todos fuéramos lo mismo.

Si pudiera hablar, no te pediría que me cambies.
Te pediría que me mires.

Que no intentes apagar lo que soy,
sino que me enseñes por dónde sí.
Que no me frenes sin entenderme.
Que no me pidas calma si antes no me das seguridad.

Si pudiera hablar, llamaría a la puerta de quienes saben escuchar sin palabras.
De quienes entienden que educar no es corregir conductas,
sino aprender a convivir con alguien distinto.

Yo no vine a ser perfecto.
Vine a ser perro.

Y tú no viniste a exigirme que entienda tu mundo sin ayuda.
Viniste a conocerme.

A veces me quedo aquí, esperando.
Sentado.
Mirando.

No porque no pueda entrar,
sino porque sigo confiando
en que alguien quiera aprender mi idioma.

 

Educar desde el respeto empieza por aprender a mirar.
Nosotros no venimos con manual. Venimos con lenguaje.

Inma Díaz Sol

Anterior
Anterior

Olor a perro

Siguiente
Siguiente

Educar desde el respeto