Saber mirar
Educar empieza con los ojos.
Con detenerse un segundo a observar cómo duerme,
cómo bosteza,
cómo mueve las orejas cuando algo le asusta o le emociona.
Porque antes de enseñar,
hay que aprender a mirar.
Mirar no es vigilar.
Mirar es escuchar con los ojos.
Es descubrir lo que no cabe en los manuales:
la forma en que tu perro pide calma,
la manera en que busca tu compañía,
el instante en el que necesita distancia.
Cuando aprendemos a mirar,
todo lo demás llega solo:
el vínculo, la confianza, el respeto.
Saber hacer y saber ser
nacen de ese primer gesto sencillo:
prestar atención.
Yo miro a mis perros cada día
y, en ese reflejo,
me descubro también a mí misma.
Porque a veces,
ellos me enseñan mucho más
de lo que yo puedo enseñarles.
Saber mirar para comprender.
Inma Díaz Sol

