Mirar también es mirarse
Saber mirar no es solo ver.
Es detenerse a entender.
A veces la distancia entre dos seres no es una línea recta.
A veces hay curvas, silencios y pausas necesarias para llegar al mismo lugar.
Por eso, en educación, lo importante no es la meta,
sino el proceso.
No es el resultado, sino para qué hacemos el camino.
Un educador que sabe mirar no corrige de forma impulsiva una conducta.
Se pregunta de dónde nace.
Qué hay detrás de ese ladrido, de esa huida o de ese miedo.
Mirar es escuchar sin palabras.
Es leer la emoción que hay debajo del gesto.
La mirada consciente es el primer paso de toda educación respetuosa:
conocer, sentir y aceptar.
En la educación humana, este enfoque se conoce como orientación educativa:
un proceso de ayuda continua que acompaña al alumno en su crecimiento personal.
En la educación canina, lo entendemos de la misma manera:
La orientación canina es un proceso de acompañamiento respetuoso
que ayuda al perro a adaptarse a su entorno,
crecer emocionalmente
y convivir con equilibrio junto a su familia humana.
Principios que guían la mirada del educador canino
1. Principio de singularidad
Cada perro es único.
Tiene su genética, su historia y su manera de percibir el mundo.
No existen recetas universales.
Solo observación individual y respeto por su naturaleza.
2. Principio de anamnesis o comprensión
Antes de actuar, observa.
Evaluar no es medir, es comprender:
¿qué necesita?, ¿qué le frustra?, ¿qué le asusta?, ¿qué le motiva?
3. Principio anticipativo o preventivo
Educar desde la calma antes de que aparezca el problema.
Una buena socialización temprana, rutinas estables y un entorno seguro
previenen conflictos, ansiedad y conductas reactivas.
4. Principio de evolución natural
Cada etapa —cachorro, joven, adulto o sénior— necesita una guía distinta.
El acompañamiento cambia con el perro,
igual que cambia la vida.
5. Principio del entorno social y familiar
El comportamiento del perro no se entiende sin su contexto.
Su familia, su hogar, sus experiencias…
Nada ocurre aislado.
Mirar también es mirarse
Educar a un perro es, en parte, educarse a uno mismo.
Nuestros perros reflejan lo que somos:
la prisa, la frustración, la calma o la incoherencia.
Saber mirar también significa revisar lo que proyectamos,
ajustar el tono,
respirar antes de pedir,
escuchar antes de hablar.
Porque cuando cambiamos la forma de mirar,
ellos cambian la forma de mostrarse.
Y ahí empieza la verdadera conexión.
Saber mirar para comprender.
Inma Díaz Sol

