El diario de Luna

Le ponía pañuelos de mil colores, uno para cada día. Pero el rojo… el rojo siempre fue nuestra promesa.

Ilustración hecha por Inma Díaz Sol, con mis manos sinceras y mi amor entero.

Aprender a dibujar a mi ritmo… para dibujarte. Porque he entendido que hay cosas que no se pueden encargar a nadie. Cuando dejaste de respirar, te llevaste un trocito de mi corazón. Pero con lo que quedó… construí Corazón Canino. Y no ha sido fácil no renunciar a nuestros sueños.

Tú lo sabes. Trabajaba sin parar y, justo cuando te ibas, dentro de mí germinaba una nueva vida. Ella sabe de ti, por mí. Y ahora, la pequeña perrita que adoptamos hace dos años… también lleva tu nombre.

Recuerdo cuando te ponía pañuelos cada mañana antes de dejarte en casa de los abuelos. Tú te sentabas en la puerta, quieta, esperando a que te lo pusiera. Tenías uno azul con nubes para los días de lluvia, uno rojo para los días de pasión, uno naranja para jugar, uno verde para ir al campo… Aún los conservo. Y ahora los llevan Ónix, Lobito y Luna. Uno de estrellitas… tu favorito.

Y te he dibujado con pestañas. Porque tú tenías unas pestañas preciosas, de anuncio de máscara; de esas que se mueven solas cuando pestañeas y parecen abanicos pequeñitos. Con la edad y la enfermedad se hicieron más frágiles, sí… pero yo siempre recuerdo tu mirada pizpireta, viva, curiosa, como si el mundo fuera una aventura que solo tú sabías descifrar.

Echo de menos tus orejas largas, esas que se llenaban de agua cuando bebías y me mirabas como diciendo: “Inma, vuelve a secarme, que ya sabes que soy un desastre adorable, pero feliz”.

No te he podido dibujar mejor, porque lo he hecho yo, con mis manos torpes y mi amor entero. Y te he creado un diario con tu nombre, porque cuando te fuiste… no sabía cómo llenar ese vacío. Solo supe hacerlo creando un corazón más grande.

P.D. Voy despacio, pero sin pausa. Prometo enseñar este mundo fascinante —el vuestro— a quienes quieran aprender a mirar con otros ojos. Yo sigo aprendiendo de vosotros cada día.

Te regalo este diario para que sigamos hablándonos, aunque ahora sea de otra forma.


Fue un 27 de julio cuando te fuiste al cielo.
Yo me quedé aquí, aferrada a la esperanza de volver a verte algún día.
Desde entonces te busqué en nuestros sueños…
y hoy, por fin,
volvemos a bailar con el corazón.

Tú, siempre leal.
Mi mejor amiga.
Mi Luna.

Inma Díaz

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