Inflación, hipotecas y alquileres: quién gana y quién paga

Todo sube… menos la calma.

El café se enfrió mientras miraba el móvil y leía el último dato de inflación.
Y pensé: ¿qué pasa con nosotros cuando todo sube, menos lo que de verdad importa?

Porque la inflación no es un concepto técnico:
es el carrito del supermercado que pesa un poco más,
es ese “uy, antes costaba menos”,
es esa sensación de que el dinero se evapora antes de llegar a fin de mes.

Hipotecas variables: cuando el Euríbor decide tu mes

La mayoría de quienes tenemos casa no firmamos una hipoteca fija perfecta.
Muchos optamos por la variable, esa que sube y baja al ritmo del Euríbor.

El Euríbor es el tipo de interés al que los bancos europeos se prestan dinero.
En España, determina la cuota de las hipotecas variables:
si sube, pagas más; si baja, respiras.

Cuando la inflación aumenta —cuando todo se encarece y el dinero vale menos—
el Banco Central Europeo reacciona subiendo los tipos de interés para frenar el consumo.

En casa se traduce así: la cuota mensual sube.

Por eso, la inflación castiga más a quienes tienen hipoteca variable que a quienes tienen tipo fijo.
Aunque el dinero pierda valor, pagar la casa cuesta más.

Alquileres y jóvenes: vivir cuesta, alquilar más

Para quienes viven de alquiler, la historia tampoco se suaviza.
En ciudades como Madrid, muchas personas destinan casi la mitad del sueldo a pagar un piso.

Para evitar subidas descontroladas, se creó un índice: el IRAV,
que limita cuánto puede subir el alquiler cada año.

En 2025, el máximo permitido es del 2,28 %.
Si pagas 1.000 euros, tu casero no puede subirte más de 22,80.
Un respiro pequeño, sí, pero real.

Mayores, rutina y precios que no entienden de poesía

Los mayores que hace años compraron con hipoteca fija respiran hoy con más calma.
Otros, quienes vendieron y pasaron al alquiler, sienten también la presión:
materiales, luz, comunidad, supermercado… todo cuesta más.

La inflación no distingue edades.
Atraviesa barrios, rutinas y biografías.

Economía con Voz: porque entender lo que pasa también es una forma de cuidarse

Lo que la economía no dice, pero tú sientes

La inflación no son solo números:
son decisiones cotidianas,
son ajustes silenciosos,
es esa sensación de que la vida va un paso más rápido que el bolsillo.

El Euríbor no es un índice:
es la respiración contenida cuando llega el recibo.

El alquiler no es una cifra:
es la pregunta de si podremos seguir en el mismo barrio.

La economía no es fría.
Somos nosotros —con nuestra rutina y nuestra incertidumbre— quienes le damos voz.

Comprenderla no es una obligación,
es una forma de cuidarnos.

Nos vemos en el próximo amanecer. ☀️

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