Encender soles
No se trata de dar luz, sino de ayudar a que cada cual encienda la suya.
Hace ya mucho que era alumna.
Y entonces pensaba que había profesores —y adultos—
que disfrutaban demasiado siendo el foco.
De esos que hablan tanto que se olvidan de escuchar.
Más preocupados por su discurso
que por lo que pasa al otro lado de sus palabras.
Con el tiempo entendí que no era por ahí.
Que educar no es iluminar: es encender.
Acompañar para que cada cual encuentre su propia luz,
esa que no se ve desde fuera pero se siente cuando aparece.
Porque todos tenemos un sol dentro.
Y no todos brillan igual.
Ni dan la misma luz, ni el mismo calor,
ni amanecen a la misma hora.
Algunos tienen horario de verano
(ya sin cambio de hora, o eso parece).
Otros son más de invierno:
luz suave, lenta, que calienta sin prisa.
Pero todos, absolutamente todos, brillan a su manera.
De eso va enseñar.
De acompañar sin deslumbrar.
De estar, de mirar, de confiar
en que dentro de cada persona hay un amanecer esperando.
No sé dibujar.
Pero he empezado a hacerlo, porque a veces las palabras no alcanzan.
Entonces aparece ese impulso de coger un lápiz
y poner color a lo que siento.
No busco que quede perfecto,
solo que diga lo que llevo dentro.
Que cuente, con trazos torpes pero sinceros,
lo que mi voz no siempre sabe explicar.
Al final, quizá dibujar sea eso:
otra forma de encender soles.
Nos vemos en el próximo amanecer. ☀️
Diálogos al Amanecer

