Laissez faire, laissez passer, le monde va de lui-même.
Dejad hacer, dejad pasar, el mundo marcha por sí mismo.
Tercer día de profesora en prácticas.
Las tecnologías nos permiten sustituir la antigua pizarra por lo digital.
Ya no nos manchamos de tiza.
Pero, ¿qué pasa con los móviles?
Están prohibidos (lo dice la normativa de la Comunidad de Madrid).
Y, sin embargo, todos los llevamos encima.
Luego ocurre: alguien no encuentra el suyo.
La clase se detiene.
Nervios, lágrimas, sospechas.
¿Hurto? ¿Broma? ¿O simple despiste?
Y al final… el móvil aparece en el fondo de la mochila.
Y pienso en todo lo que se ha detenido por unos minutos de caos.
Entonces me pregunto si este límite en el uso de la tecnología no se parece un poco al intervencionismo del Estado en la economía.
¿Estamos ante una economía mixta?
¿O, como decía Adam Smith, el equilibrio llegará solo?
Quizás con la tecnología ocurra lo mismo:
al principio la prohibimos, luego la toleramos,
y, finalmente, encontramos un punto medio.
Un laissez faire educativo.
Confiar en que el aprendizaje también se autorregula.
Porque la vida en el aula no siempre se puede controlar,
como tampoco se puede controlar la vida.
Y entonces me acuerdo de la teoría de la mano invisible.
Tal vez esa mano que reajusta todo no sea del mercado,
sino del tiempo.
O de la vida,
que siempre nos enseña —a todos— a encontrar el equilibrio.
Qué dice la Comunidad de Madrid sobre los móviles en el aula
Según el Decreto 60/2020, de 29 de julio, y el Decreto 64/2025, de 23 de julio, en la Comunidad de Madrid:
El uso de teléfonos móviles y dispositivos electrónicos personales está prohibido durante toda la jornada escolar, salvo que se utilicen con fines didácticos o por motivos excepcionales.
En Educación Infantil y Primaria, desde el curso 2025-2026, los alumnos no podrán trabajar individualmente con dispositivos digitales ni realizar tareas académicas evaluables fuera del horario escolar que requieran su uso.
En Secundaria y Bachillerato, los centros pueden regular su uso dentro de sus normas de convivencia, pero siempre con la premisa de que no deben interferir en el desarrollo normal de la actividad educativa.
Además, está prohibida la toma de fotografías, vídeos o grabaciones dentro del centro sin autorización expresa del profesorado o de la dirección.
Adam Smith y el equilibrio natural
Adam Smith (1723–1790), considerado el padre del liberalismo económico, defendía que la economía debía regirse por la libertad individual y la mínima intervención del Estado.
En su obra La riqueza de las naciones (1776), explicó que si cada persona persigue su propio interés, una “mano invisible” guía el mercado hacia el equilibrio y el bienestar colectivo.
Esa mano invisible representa la autorregulación natural del sistema: la oferta y la demanda ajustándose por sí mismas sin necesidad de control estatal.
El famoso principio “laissez faire, laissez passer, le monde va de lui-même” —“dejad hacer, dejad pasar, el mundo marcha por sí mismo”— resume su visión:
la libertad económica no solo impulsa la riqueza, sino también el progreso social.
Aplicado al presente, podríamos decir que Adam Smith defendía la confianza en la libertad y en la capacidad de autorregulación de las personas y los sistemas.
Una idea que, curiosamente, encaja muy bien con la educación y la tecnología:
Si dejamos espacio, si no lo controlamos todo, el equilibrio acaba llegando.
Referencias bibliográficas
Comunidad de Madrid. (2020). Decreto 60/2020, de 29 de julio, por el que se modifica el Decreto 32/2019, de 9 de abril, sobre convivencia en los centros docentes. Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM).
Comunidad de Madrid. (2025). Decreto 64/2025, de 23 de julio, sobre normas de convivencia y uso de dispositivos digitales en centros educativos. Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM).
Smith, A. (1776). La riqueza de las naciones. Londres: W. Strahan and T. Cadell.
Una profesora en prácticas. Con canas, con ganas y con clase.

