La pesetera
Hoy, segundo día de prácticas, me he acordado de cuando iba a BUP con mi amiga Gemma.
Cogíamos la pesetera.
Sí, la pesetera.
Un minibús de una empresa privada que era el único que llegaba desde nuestro barrio hasta donde estaba el colegio.
No había transporte público que hiciera ese recorrido.
Era ruidosa, algo vieja, pero tenía su encanto: los asientos de skay, el traqueteo del motor y el sonido de las monedas tintineando en el bolsillo.
Ahora todo ha cambiado.
La pesetera desapareció hace años.
Hoy el 139 recorre ese mismo trayecto, puntual, con aire acondicionado y billete digital.
Y pienso que, si existiera hoy, seguramente se llamaría el euro digital.
Porque ya no pagamos con monedas, sino con móviles y tarjetas.
Más control, más comodidad… y, quién sabe, quizá más inflación.
En mi época ni siquiera existía la especialidad de Economía.
Fui una valiente… o una indecisa.
Quería ser periodista, pero pensé:
“Con lo tímida que eres, te morirás de hambre.”
También me atraía la Psicología, sobre todo por la curiosidad de entender las mentes,
como si Agatha Christie me susurrara al oído.
Pero empatizo tanto, que sospecho que acabarían consolándome a mí.
Y aquí estoy ahora, muchos años después, profesora en prácticas,
pensando en cómo todo cambia y, a la vez, sigue igual.
De la pesetera al 139, de las pesetas al euro digital,
del transporte privado al público.
Al final, la economía está en todo:
en quién pone el autobús,
en quién lo gestiona,
y en cómo cada cambio nos cuenta un pedacito de historia.
Nos vemos en el próximo amanecer.
De la pesetera al 139: una historia sobre lo público y lo privado
La vieja pesetera era un ejemplo perfecto del sector privado:
una empresa que ofrecía un servicio donde el transporte público aún no llegaba.
Cubría una necesidad, arriesgaba y se sostenía con la confianza de sus pasajeros.
Con el tiempo, ese mismo trayecto pasó a formar parte del sector público,
garantizando acceso a todos los barrios, con horarios, precios regulados y más seguridad.
Y ahí está la esencia de la economía real:
El equilibrio entre lo público y lo privado no es una lucha,
es una forma de avanzar juntos.
En la educación ocurre lo mismo.
Hay centros públicos, concertados y privados,
pero el propósito es el mismo:
que el conocimiento llegue a cada barrio,
como aquel minibús que nos llevaba al colegio.
Cómo llegó la Economía a las aulas
La Economía comenzó a asomar tímidamente en los años 70,
pero fue con la LOGSE (1990) cuando se consolidó como asignatura en el Bachillerato,
dentro de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales.
Con la LOE (2006) y la LOMCE (2013), llegó a la ESO,
con materias como Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial.
La LOMLOE (2020) ha seguido ese camino,
apostando por enseñar a los alumnos a comprender el mundo,
a pensar, decidir y conectar la teoría con la vida.
Porque la Economía no trata solo de dinero.
Trata de personas, de elecciones y de caminos.
De entender por qué antes cogíamos la pesetera
y ahora el 139.
Y cómo, en el fondo, seguimos haciendo el mismo viaje:
intentando llegar a tiempo… y aprender algo por el camino.
Una profesora en prácticas. Con canas, con ganas y con clase.

