Los comienzos, mejor sin etiquetas
Ónix, dibujada por mí. Los comienzos, mejor sin etiquetas.
Hola, me llamo Ónix.
Nací en Ávila, en casa de un ganadero que tenía ovejas.
Y nací un 19 de febrero, robándole el último aliento al invierno y abriéndole la puerta a la primavera. Quizá por eso dicen que siempre sonrío.
Mi nombre ya hablaba de mi destino. Ónix es una piedra que simboliza los nuevos comienzos… y vaya si lo fue.
Antes de llegar a casa, el ganadero llamó a Inma y le dijo:
—No sé si al final te la daré, pero ponle nombre.
Inma lo tuvo claro. Pensó en volver a empezar. En comenzar de nuevo.
Y así me llamó.
Luna vino a buscarme con Inma. El nombre ya lo sabían desde antes, como si me estuvieran esperando.
Lo que no sabíamos, Luna, es que tú estabas enferma. Que a los pocos meses, después de un tratamiento paliativo duro y lleno de amor, te irías.
Y me dejaste un poco sola.
Bueno… sola no del todo. Estaba Mar, la gata.
Yo entonces estaba aprendiendo del mundo. De la socialización, de la calma. Eso era lo que trabajaba Inma conmigo: aprender a mirar, a esperar, a entender. Todo era nuevo y todo era intenso.
Inma me llevaba siempre con este pañuelo rojo. No me lo cambiaba por otros de colores como a ti. Quizá por las náuseas, por los días revueltos, por esa etapa en la que el cuerpo necesita ir más despacio.
Dice que soy la perra que siempre sonríe.
Dice también que, desde que llegué, me dediqué a pastorear a Mar. Yo no sabía que eso tenía nombre; solo sabía que era lo que habían hecho mis padres, mi instinto, mi sangre.
A Luna no la eché de menos tanto como lo hizo Mar. Ella enfermó. Estuvo quince días en el hospital. Decían que “se estaba reseteando”, pero no sabían por qué… hasta que una veterinaria preguntó si había habido una pérdida importante en la familia. Entonces todo encajó.
Mientras tanto, yo andaba mucho con Inma. Paso a paso. Paseo a paseo.
Y conforme transcurría el embarazo, me fui convirtiendo en su compañera inseparable.
Cuando Inma tomó la decisión de tener a una border collie, mucha gente dijo que no podría conmigo.
Que los border collie son demasiado… intensos, exigentes, difíciles.
Pero Inma no es de etiquetas. Dice que las etiquetas son solo para la ropa. De hecho, las odia. Las corta todas. Siempre.
En serio, no entiende para qué hacen tantas.
Inma es más de pañuelos de colores, de amaneceres llenos de olor y de atardeceres llenos de calma.
De confiar más en el instinto que en las opiniones.
De mirar al individuo y no a la raza; al alma y no al molde.
Hoy dicen que soy la perra de todos sus parques,
los parques de Inma.
Dicen también que nunca pierdo la sonrisa.
Yo solo sé que camino a su lado, junto a Sara, Lobito, Luna junior y Mar, esa gata sabia que lleva diecisiete años sosteniendo silencios.
Y que cuando la vida empezó a brotar dentro de ella, yo ya estaba allí.
Porque cuando nos vamos, no nos vamos del todo.
Nos quedamos en el corazón.
Y ningún perro sustituye a otro, porque cada uno de nosotros tiene su historia,
su personalidad,
su instinto…
ese que los humanos, a veces, están a punto de olvidar.
Yo soy Ónix.
Y esta también es mi historia.
Gracias, Luna, por dejarme escribirla en tu diario. 🌙
Por Ónix

