A veces no es repartir
Es preguntar
Hoy en día enseñar no es fácil.
Hay ruido, prisas, pantallas, cansancio.
Y adolescentes con la cabeza llena de información… pero no siempre de atención.
Los profesores lo sabemos.
Cada vez es más complicado explicar conceptos, hacerlos comprensibles y, sobre todo, conseguir que se queden.
Por eso muchas veces tenemos que ingeniárnoslas.
Buscar otra forma.
Cambiar el camino.
Ese día entré en clase con una naranja en la mano.
No era una estrategia brillante.
Ni una gran idea pedagógica.
Solo una historia sencilla para ver si algo se movía.
La historia
Dos personas.
Una naranja.
Y una decisión que tomar.
Al principio apareció lo de siempre:
defender la postura,
no soltar,
tirar cada una hacia su lado.
Nada raro.
Nada nuevo.
Muy parecido a lo que pasa fuera del aula.
Entonces lancé una pregunta simple:
—¿Para qué la quieres?
Y ahí cambió todo.
No querían lo mismo.
Nunca lo habían querido.
No era la naranja
El conflicto no estaba en el objeto.
Estaba en no haberse preguntado antes.
Y esa es una de las cosas más difíciles de enseñar hoy parar, escuchar, entender al otro.
Porque vivimos rápido.
Respondemos antes de pensar.
Y discutimos antes de comprender.
Lo que esta historia intenta explicar
No era una lección magistral.
Era solo una forma de explicar algo complejo de manera sencilla.
Que negociar no es repartir a partes iguales.
Que compartir no siempre es dividir.
Que a veces creemos que el problema está en lo visible… y no.
Desde lo técnico —sin ponernos intensos— esta historia permite trabajar cuestiones muy importantes:
La diferencia entre posición (“yo quiero esto”) e interés (“para qué lo quiero”)
La escucha activa, no para contestar, sino para entender
La empatía, incluso cuando no estás de acuerdo
La búsqueda de soluciones donde no todo sea ganar o perder
Conceptos que aparecen en economía, en emprendimiento… pero también en la vida.
Una reflexión final
Enseñar hoy es complicado.
No porque los alumnos no quieran aprender, sino porque el mundo va demasiado rápido.
Por eso a veces no hacen falta más datos.
Hace falta una historia.
Algo pequeño.
Algo cotidiano.
Algo que nos recuerde que, muchas veces, no es repartir.
Es preguntar.
Nos vemos en el próximo amanecer ☀️
De la historia a la negociación
Esta escena tan sencilla sirve para explicar algo que usamos a diario, aunque no siempre sepamos ponerle nombre: la negociación.
Negociar no es algo que ocurra solo en el mundo del dinero o de los negocios. Forma parte de nuestra vida cotidiana. Cuando pactamos normas en casa, llegamos a acuerdos en grupo o buscamos soluciones compartidas, estamos negociando.
Las situaciones de negociación pueden ser muy simples —como organizar tareas o tomar decisiones comunes— o más complejas, como coordinar un equipo, cerrar acuerdos o sacar adelante un proyecto. Por eso, aprender a negociar es una habilidad clave, no solo en lo profesional, sino también en lo personal.
Habilidades para negociar
Comunicarse bien
Negociar no es imponer. Es saber expresar lo que uno quiere con claridad, escuchar de verdad y ponerse en el lugar del otro. La empatía y el diálogo permiten entender intereses distintos y encontrar puntos en común.
Marcar objetivos realistas
Antes de negociar conviene tener claro qué se quiere conseguir. Aspirar a un buen resultado es positivo, pero siendo conscientes de lo posible. En la mayoría de los acuerdos no se consigue todo, y saber ajustar expectativas facilita llegar a soluciones compartidas.
Cuidar el respeto y la confianza
El respeto mutuo es la base de cualquier negociación que funcione. Cuando una persona se siente escuchada y valorada, es más fácil que se implique en el acuerdo. El tono, el lenguaje corporal y la gestión de las emociones influyen tanto como las palabras.
Buscar soluciones donde ambas partes ganen
Negociar no debería ser una lucha entre ganadores y perdedores. Los acuerdos más sólidos son aquellos en los que todas las partes sienten que han obtenido algo valioso. Cuando el objetivo es colaborar, los resultados suelen ser más estables y duraderos.
En definitiva, negociar bien no es ganar al otro, sino encontrar juntos la mejor solución posible.
No se trata de ganar al otro, sino de ganar juntos.
Eso es win-win.
Una profesora en prácticas. Con canas, con ganas y con clase.

