Saltar sin red
Este mes de diciembre, el último día de clase, hemos estado haciendo una feria de universidades.
Mesas llenas de folletos.
Nombres de grados.
Notas de corte.
Preguntas que pesan más de lo que parece.
He visto a alumnos y alumnas mirar su futuro como quien mira un mapa nuevo.
Con ilusión.
Con miedo.
Con esa mezcla rara de “quiero elegir bien” y “no tengo ni idea”.
Y entre charla y charla, hay una frase que repito mucho en clase.
Que elegir no es tenerlo todo claro.
Que decidir no garantiza acierto.
Que nadie empieza sabiendo cómo va a acabar.
Les digo que saltar sin red también es elegirte.
Que habrá dudas.
Que habrá tropiezos.
Que no todo saldrá como habían imaginado.
Pero que caerse no es fallar.
Caerse es parte del camino.
En el aula aprendemos contenidos, sí.
Pero también aprendemos a sostener la incertidumbre.
A convivir con el error.
A levantarnos después de una mala nota, una decisión que pesa o una puerta que no se abre.
Por eso, cuando hablamos de futuro, intento que entiendan algo importante:
no elegir por miedo también es una elección.
Y equivocarse no borra todo lo anterior.
Saltar sin red es elegirte.
Caerte.
Y volver a levantarte.
Eso también se aprende.
Nos vemos en el próximo aprendizaje.
Una profesora en prácticas. Con canas, con ganas y con clase.

