Cómo viven los perros un incendio: el humo, el calor y el miedo desde su nariz
Cuando pensamos en un incendio solemos imaginar llamas.
Nuestros perros viven otra realidad.
Ellos conocen el mundo a través del olfato.
Mientras nosotros observamos una columna de humo, ellos perciben miles de olores que desaparecen o cambian de forma repentina.
Un mundo construido con olores
La nariz de un perro posee entre 220 y 300 millones de receptores olfativos.
La nuestra ronda los cinco millones.
Su forma de interpretar el entorno depende del olor.
Reconocen personas.
Detectan animales.
Encuentran agua.
Identifican caminos.
Cuando el humo invade el aire, esas referencias desaparecen.
El humo irrita sus vías respiratorias
Las partículas suspendidas pueden provocar:
tos;
jadeo;
ojos irritados;
apatía;
dificultad para respirar.
Los perros mayores y aquellos con enfermedades respiratorias, cardíacas o renales requieren una atención especial.
Ónix me recordó esos días que algunos animales son mucho más vulnerables.
El calor pasa factura
Los perros no sudan como nosotros.
El jadeo constituye su principal mecanismo para perder calor.
Cuando coinciden altas temperaturas y humo, su organismo realiza un esfuerzo mayor.
El estrés cambia su comportamiento
Muchos perros:
dejan de comer;
buscan esconderse;
permanecen alerta;
tiemblan;
ladran más;
siguen a su familia a todas partes.
No es desobediencia.
Es miedo.
Cómo ayudarlos
Mantén las ventanas cerradas si el aire contiene humo.
Evita paseos largos.
Lleva agua fresca.
No hagas ejercicio intenso.
Consulta al veterinario si aparecen dificultades respiratorias.
Una mirada distinta
Un incendio no solo destruye un bosque. Altera el mundo que nuestros perros construyen con cada olor.
Inma Díaz Sol

