¿Y si la felicidad consistiera en necesitar menos?
Hay frases que lees y olvidas.
Otras se quedan contigo porque, años después, siguen haciendo preguntas.
Esta de Antonio Gala pertenece a las segundas.
Hay frases que lees y olvidas.
Otras se quedan contigo porque, años después, siguen haciendo preguntas.
Esta de Antonio Gala pertenece a las segundas.
Puede parecer una reflexión sobre la felicidad
Yo encuentro economía dentro de ella.
El eterno problema entre lo que queremos y lo que tenemos
Una de las primeras ideas que estudiamos en economía es la escasez.
Tenemos necesidades y deseos, pero nuestros recursos son limitados.
De ahí nace un problema: no podemos tener todo lo que queremos.
La respuesta parece sencilla: si queremos más cosas, necesitamos más recursos.
Más dinero.
Más ingresos.
Más capacidad de compra.
Pero Antonio Gala propone mirar el problema desde el otro lado.
¿Y si, en lugar de tener cada vez más para satisfacer nuestros deseos, aprendiéramos a necesitar menos?
¿Necesidad o deseo?
Vivimos rodeados de estímulos que nos invitan a consumir.
Un anuncio.
Una oferta.
Una fotografía.
Una tendencia.
Algo que vemos en redes sociales.
Un producto que ayer desconocíamos puede convertirse hoy en algo que deseamos.
Y aquí aparece una pregunta que me parece esencial para la educación financiera:
¿Lo necesito o lo quiero?
No es lo mismo.
Querer algo no tiene nada de malo.
Podemos comprar algo porque nos gusta, porque nos hace ilusión o porque queremos disfrutarlo.
La cuestión es saber por qué estamos tomando esa decisión.
Y añadir otra pregunta:
¿A qué estoy renunciando para conseguirlo?
Ahí vuelve a aparecer la economía.
El precio no siempre se paga con dinero
Nuestros recursos van mucho más allá de nuestra cuenta bancaria.
Tenemos tiempo.
Energía.
Atención.
Cada decisión utiliza alguno de ellos.
Hace muchos años, cuando trabajaba en banca en la calle Orense de Madrid, una clienta me dijo una frase que entonces no comprendí del todo.
Un día vino a la oficina y se fijó en unos pendientes que yo llevaba. Eran de porcelana, con una pequeña flor dibujada.
—Qué pendientes tan bonitos llevas. A mi hija le encantarían.
Y después añadió:
—Ya te darás cuenta de que, con los años, necesitas menos cosas.
Aquella frase se quedó conmigo.
Han pasado muchos años y ahora la recuerdo de otra manera.
Quizá no se trate de dejar de querer cosas. Quizá se trate de descubrir que, con el paso del tiempo, algunos recursos empiezan a parecernos mucho más valiosos que otros.
Podemos ganar más dinero, pero no podemos comprar más horas para un día.
Podemos llenar una casa de objetos, pero tendremos que dedicar espacio, tiempo y recursos a conservarlos.
Podemos aceptar más trabajo para aumentar nuestros ingresos, pero quizá el precio sea disponer de menos tiempo.
La economía está llena de elecciones. La vida también.
¿Tener más significa vivir mejor?
Durante años hemos relacionado el progreso con tener más.
Una casa mayor.
Más ingresos.
Más posibilidades.
Más cosas.
El dinero importa. Nos proporciona seguridad, independencia y capacidad para elegir.
Pero llega un punto en el que merece la pena hacerse otra pregunta:
¿Cuánto necesitamos para sentir que tenemos suficiente?
No existe una cifra válida para todos.
La respuesta depende de cada persona, de sus circunstancias y de aquello a lo que concede valor.
Y quizá ahí reside la fuerza de la frase de Gala.
No nos habla de renunciar a todo.
Nos invita a revisar cuánto necesitamos.
Una cuestión de libertad
Solemos asociar la libertad económica con poder permitirnos más cosas.
Pero existe otra forma de libertad.
No necesitar algunas de ellas.
Cuando reducimos una necesidad que no era tal, liberamos recursos.
Dinero.
Tiempo.
Energía.
Y podemos destinarlos a aquello que tiene más valor para nosotros.
Quizá sea ahorrar.
Viajar.
Estudiar.
Trabajar menos.
Pasar tiempo con alguien.
Emprender un proyecto.
O no hacer nada.
Porque administrar nuestros recursos no consiste en acumularlos.
Consiste en decidir para qué queremos utilizarlos.
Una frase, una pregunta
Antonio Gala escribió sobre la felicidad.
La economía habla de necesidades, recursos, escasez y elección.
Dos caminos distintos que terminan encontrándose en una pregunta:
¿Cuánto necesitamos para vivir bien?
No sé si existe una respuesta.
Quizá lo interesante sea que cada persona encuentre la suya.
Porque comprender la economía no consiste solo en aprender a administrar el dinero.
Consiste en aprender a elegir qué merece nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestro esfuerzo.
Puede que tener más no sea la única forma de sentirnos más libres.
Puede que necesitemos menos.
Inma Díaz Sol
Profesora de Economía y Empresa

