Feliz amanecer, 2026
Me he dado cuenta de que no importa tanto la meta como el camino.
Que hay personas que cambiamos con giros inesperados,
y otras veces con decisiones buscadas.
Que soy afortunada por poder celebrar un año más
con mis personas hogar.
Porque todos necesitamos un sentido de pertenencia,
un lugar al que volver cuando el camino se hace largo.
Pero, sobre todo, he aprendido algo esencial:
volver a uno mismo no es un acto de egoísmo,
es un acto de amor propio.
Y quizá,
al aprender a quererme un poco más,
este 2026 lo camine más ligera.
Una profesora en prácticas. Con canas, con ganas y con clase.

