Noviembre también sabe a Navidad
Inma Díaz
A galletas con canela.
A esa humedad que se queda en los huesos.
A niebla por las mañanas,
cuando mi madre decía
que era de los camellos de los Reyes
que ya venían viajando desde lejos.
Estamos en noviembre,
pero la Navidad se adelanta cada vez más.
En las calles.
En los escaparates.
En los recuerdos.
Y yo la siento
entre trabajos del máster,
exámenes que no esperan,
noches cortas
y días largos
en las prácticas del colegio.
Estoy cansada.
Mucho.
Pero también agradecida.
Porque en medio del agotamiento
y de esta vida que no da tregua,
aún hay momentos diminutos
que me recuerdan quién soy:
una canción en la radio,
una luz encendida demasiado pronto,
un olor que me devuelve a la niña
que creía en la magia
porque su madre se lo decía despacito.
La Navidad se adelanta.
Sí.
Pero también trae algo bueno:
la posibilidad de parar un segundo,
de mirar hacia dentro,
y volver a encontrarnos
aunque sea en mitad del ruido.
Y yo,
aunque esté agotada,
aunque a veces dude,
aunque todo parezca correr,
sigo creyendo
que hasta en noviembre
también hay pequeños amaneceres.
Una profesora en prácticas. Con canas, con ganas y con clase.

