22/3/26

Luna

No todos los comienzos se parecen.

El suyo no fue un hogar,
ni un nombre,
ni una caricia.

Fue una perrera.

Y después, el rescate.
La Protectora Villapepa la sacó de allí,
pero salir no siempre significa estar a salvo.

Nos dijeron que tenía tres años.
Pero su mirada…
decía otra cosa.

Siete, quizá más.
Siete años de silencio,
de miedo aprendido,
de no confiar.

Llegó rota.

No salía del transportín.
No miraba.
No se acercaba.

Solo esperaba.

Y ahí empezó todo.

No a enseñarle,
sino a acompañarla.

A respetar sus tiempos.
A sostener sus miedos.
A no invadir lo que aún dolía.

Y poco a poco…
sin ruido,
sin prisas,
Luna empezó a aparecer.

No como antes.
Sino como pudo.

Y eso…
también es valentía.

Inma Díaz

Siguiente

Lobito