Hay cosas que solo empiezan a faltar cuando dejan de repetirse
Vivimos rodeados de pequeñas rutinas que parecen invisibles. Un mensaje de buenos días. El café compartido. El sonido de unas llaves al abrir la puerta. La llamada que siempre llegaba a la misma hora.
Mientras existen, apenas ocupan espacio en nuestra memoria. Parecen eternas porque se repiten.
El problema es que la costumbre tiene un extraño talento: consigue disfrazar de normal aquello que, en realidad, es extraordinario.
No solemos echar de menos los grandes acontecimientos. Echamos de menos lo cotidiano. Lo pequeño. Lo que nunca pensamos que tendría un final.
Solo cuando deja de repetirse comprendemos que aquello también era una forma de amor.
Quizá por eso la nostalgia no siempre nace de las grandes pérdidas, sino de los pequeños silencios que aparecen donde antes había un hábito.
La vida no cambia de golpe. Primero deja de repetirse.
Y entonces entendemos que algunas cosas nunca fueron normales. Solo fueron tan constantes que dejamos de mirarlas.
¿Hay algo que hoy echas de menos y que antes dabas por hecho?
Inma Díaz Sol

