Aprender a mirar: el primer paso para entender a tu perro

Ónix

Cuando convivimos con un perro, muchas veces interpretamos su comportamiento de forma automática. Si tira de la correa pensamos que es desobediente. Si ladra, creemos que quiere dominarnos. Si no obedece, pensamos que lo hace para llevarnos la contraria.

Sin embargo, antes de corregir una conducta conviene hacer algo mucho más importante: observar y comprender lo que está ocurriendo.

Aquí entra en juego la percepción.

En el estudio del comportamiento, la percepción se entiende como el proceso por el cual una persona recibe, organiza e interpreta la información que obtiene del entorno. Es la forma en que damos sentido a lo que ocurre a nuestro alrededor.

Este proceso tiene tres fases.

Primero recibimos información. Observamos lo que ocurre: el perro tira de la correa, ladra a otro perro, evita acercarse a una persona o se muestra inquieto.

Después organizamos esa información. Nuestro cerebro intenta ordenar lo que percibe según nuestras experiencias y creencias.

Por último interpretamos la situación.

Es en esta fase donde aparecen muchos malentendidos en la convivencia con los perros.

Un perro que tira de la correa puede estar excitado, inseguro o muy estimulado por el entorno. Sin embargo, muchas veces interpretamos esa conducta como desobediencia o dominancia.

El problema no siempre está en la conducta del perro, sino en la interpretación que hacemos de ella.

 

Un ejemplo clásico que ilustra cómo funciona la percepción es la siguiente ilusión óptica.

Figura. ¿Mujer joven o anciana?

Ilusión óptica que muestra cómo una misma imagen puede interpretarse de formas diferentes.

Adaptado de Hill, W. E. (1915), My Wife and My Mother-in-Law. Dominio público.

Algunas personas ven primero una mujer joven. Otras perciben una mujer anciana. La imagen es la misma, pero la interpretación cambia según la mirada del observador.

En la convivencia con los perros ocurre algo parecido. Ante una misma conducta, diferentes personas pueden interpretarla de maneras distintas.

Por eso, en educación canina, aprender a observar resulta fundamental. Antes de actuar conviene dar un paso atrás y preguntarnos qué puede estar sintiendo el perro y qué ocurre en su entorno.

En el Método SOL, este proceso se relaciona con la primera fase: Sentir.

Sentir significa parar, observar y ampliar la mirada antes de intervenir. Solo cuando comprendemos lo que ocurre podemos transformar una dificultad en una oportunidad de aprendizaje.

Porque educar a un perro no empieza con una corrección.

Empieza con aprender a mirar.

 

Inma Díaz Sol

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