De la decepción no se vuelve

A veces miras a alguien con admiración.

Y no sabes si admiras a esa persona por lo que es o por lo que representa para ti.

Quizá ves en ella algo que deseas alcanzar.

Una posibilidad.

Una ilusión.

Un oasis en mitad de la rutina.

Y confías.

Una vez.

Y otra.

Das oportunidades. Justificas silencios, gestos, ausencias.

Hasta que un día dejas de hacerlo.

No hablo de amor.

La decepción cabe en una amistad, en el trabajo, en la familia o en alguien a quien un día convertiste en referente.

Y no siempre llega con una gran traición.

A veces solo descubres que ya no puedes mirar a esa persona como antes.

Intentas recuperar aquella mirada.

La buscas.

Pero ya no está.

Entonces dejas de preguntarte por qué no te valoró, por qué volvió a fallarte o por qué creyó que siempre ibas a estar.

Y miras el espejo.

Esta vez te ves a ti.

Quizá el oasis nunca fue aquella persona.

Quizá lo construiste tú con todo lo que esperabas encontrar en ella.

Y eso duele.

Porque perder la admiración por alguien es despedirse de una imagen que tú habías ayudado a crear.

Puedes perdonar.

Puedes comprender.

Incluso puedes volver.

Pero hay miradas que no encuentran el camino de regreso.

Quizá por eso de la decepción no se vuelve.

O quizá sí.

Pero esta vez vuelves a ti.

Inma Díaz Sol

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Escribía el amor en sus poemas para no encontrarlo en la vida