Reflexiones al atardecer

Hoy no ha pasado nada que merezca una historia.
Y, aun así, me habría gustado contarlo.

Porque hay días en los que no tienes ganas de hablar,
pero sí de entender qué te pasa por dentro.

Días en los que todo pesa un poco más de lo normal,
aunque no haya un motivo claro.
O quizá sí…
pero no apetece nombrarlo.

Y entonces ocurre algo pequeño.
Tan pequeño que casi pasa desapercibido.

Algo que no cambia nada…
pero, de alguna forma, lo coloca todo en su sitio.

He pensado mucho en eso.
En cómo hay momentos que no vienen a quedarse,
ni a formar parte de nada importante,
ni siquiera a repetirse.

Solo aparecen.
Se quedan lo justo.
Y se van.

Y tú te quedas igual…
pero ya no eres exactamente la misma.

Hoy no tengo respuestas.
Ni ganas de buscarlas.

Solo sé que hay cosas que no necesito retener
para sentir que han sido importantes.

Y que, quizá, crecer también es eso:
dejar de agarrarse a todo
y empezar a entender cuándo es mejor abrir la mano.

Y, por primera vez en mucho tiempo…
no quise que nada fuera distinto.

Inma Díaz Sol

Siguiente
Siguiente

No me perdí. Me salí del camino que ya no era mío