Aprender a elegirme: cuando cambiar ya no es una opción, es coherencia
Durante mucho tiempo elegí lo que tocaba.
Lo que era correcto.
Lo que se esperaba.
Lo que parecía tener sentido.
Elegí caminos que estaban bien vistos.
Decisiones que encajaban.
Ritmos que, en teoría, llevaban a algún sitio.
Y no estaba mal.
Pero tampoco era del todo yo.
Porque entre tantas decisiones “adecuadas”, hubo algo que quedó en segundo plano:
elegirme.
Elegirme sin justificarme.
Sin explicarme demasiado.
Sin tener que demostrar que tenía sentido.
Durante años aprendí a ser responsable.
A cumplir.
A sostener.
Pero nadie me enseñó a preguntarme algo mucho más simple:
¿esto lo quiero yo?
Y cuando esa pregunta aparece de verdad, ya no se puede ignorar.
No es una revolución de un día.
No es un cambio brusco.
Es algo más silencioso.
Empiezas a notar que ya no quieres lo mismo.
Que hay cosas que antes aceptabas y ahora te pesan.
Que el ritmo que llevabas ya no te encaja.
Y entonces, poco a poco, empiezas a hacer algo distinto:
parar antes de decidir.
escucharte un poco más.
darte permiso para no seguir siempre el mismo camino.
Elegirse no es dejarlo todo.
No es romper con todo lo anterior.
Es algo más sencillo… y más difícil a la vez:
es tenerte en cuenta.
Tener en cuenta cómo estás.
Qué necesitas.
Qué te hace bien.
Qué ya no quieres seguir sosteniendo.
Es aprender que no todo lo que puedes hacer… tienes que hacerlo.
Y que no todo lo que hiciste en el pasado… tienes que mantenerlo.
Porque hay etapas en las que no estás perdida.
Estás cambiando.
Y en ese cambio, elegirte no es egoísmo.
Es coherencia.
No es dejar de estar para los demás.
Es dejar de desaparecer de ti.
Quizás no siempre sabrás qué elegir.
Quizás dudarás.
Pero incluso en esa duda hay algo nuevo:
ya no decides solo por lo que toca.
empiezas a decidir por lo que eres.
Y eso, aunque sea poco a poco,
lo cambia todo.
Nos vemos en el próximo amanecer.
Inma Díaz Sol

