Antes del incendio: por qué invertir en prevención forestal
Un incendio forestal no comienza necesariamente el día en el que aparece la primera llama.
En muchas ocasiones, el riesgo se ha ido construyendo durante años: abandono del medio rural, vegetación acumulada, falta de gestión, construcciones demasiado próximas al monte y periodos cada vez más largos de calor y sequedad.
Por eso, la decisión económica más importante se toma mucho antes del verano.
¿Qué significa prevenir un incendio?
Prevenir no es eliminar toda la vegetación ni convertir el monte en un espacio sin vida.
Tampoco significa limitarse a abrir cortafuegos de manera indiscriminada.
La prevención consiste en gestionar el territorio para reducir la probabilidad de que se produzca un gran incendio y limitar sus consecuencias cuando llegue a producirse.
Las medidas deben adaptarse al tipo de ecosistema, al relieve, a la actividad económica y a la cercanía de viviendas o infraestructuras.
Gestión forestal durante todo el año
Entre las principales actuaciones preventivas encontramos:
Reducción del combustible vegetal
Los clareos, podas, desbroces selectivos y retirada o aprovechamiento de determinados restos vegetales pueden reducir la continuidad del combustible.
No se trata de «limpiar» todo el monte, sino de gestionar la vegetación con criterios técnicos.
Pastoreo preventivo
Cabras, ovejas y otros animales pueden contribuir a controlar el crecimiento de la vegetación en zonas estratégicas.
El pastoreo preventivo une tres objetivos:
Reducir combustible vegetal.
Apoyar a la ganadería extensiva.
Mantener actividad y empleo en el medio rural.
No sustituye todas las labores forestales, pero puede formar parte de una estrategia más amplia.
Aprovechamiento de la biomasa
Parte de los restos procedentes de trabajos forestales puede utilizarse para producir energía, compost u otros materiales.
Para que esta alternativa funcione, debe ser ambientalmente sostenible y económicamente viable. Extraer biomasa sin planificación también podría perjudicar el suelo y los ecosistemas.
Mantenimiento de caminos y puntos de agua
Los equipos de extinción necesitan acceder con rapidez y seguridad al territorio.
Los caminos forestales, las áreas de maniobra y los puntos de suministro de agua deben mantenerse antes de que comience la temporada de mayor riesgo.
Vigilancia y detección temprana
Cámaras, sensores, torres de vigilancia, agentes forestales, drones y sistemas predictivos pueden ayudar a detectar un conato cuando todavía es manejable.
La tecnología es útil, pero no reemplaza el conocimiento de las personas que trabajan y viven en el territorio.
El problema de la interfaz urbano-forestal
Uno de los mayores desafíos aparece en las zonas donde las viviendas y urbanizaciones se encuentran junto al terreno forestal.
Es lo que se conoce como interfaz urbano-forestal.
Cuando el fuego alcanza estas áreas, la prioridad pasa a ser la protección de las personas y las casas. Esto puede obligar a destinar numerosos medios a defender edificaciones y dificultar el trabajo directo sobre el frente del incendio.
Por ello son fundamentales:
Franjas de protección correctamente diseñadas.
Vías de entrada y salida suficientes.
Señalización clara.
Hidrantes o puntos de agua accesibles.
Planes municipales de emergencia.
Simulacros y formación vecinal.
Normas sobre vegetación en parcelas y jardines.
El MITECO incluye la planificación preventiva de estas zonas entre los elementos esenciales para reducir el riesgo y mejorar la seguridad.
¿Quién debe pagar la prevención?
No existe una única respuesta.
El territorio forestal puede ser público, privado o comunal, y las competencias están distribuidas entre diferentes administraciones.
La prevención requiere la participación de:
Estado.
Comunidades autónomas.
Ayuntamientos.
Propietarios forestales.
Empresas.
Comunidades vecinales.
Agricultores y ganaderos.
Población residente.
Sin embargo, exigir obligaciones sin ofrecer medios económicos puede ser ineficaz. Muchos propietarios poseen terrenos pequeños, poco rentables o incluso heredados que no pueden gestionar por sí solos.
Son necesarios incentivos, asesoramiento técnico, agrupaciones de propietarios y proyectos capaces de generar actividad económica alrededor del cuidado del territorio.
¿Prevenir cuesta cien veces menos que apagar?
Esta frase se repite con frecuencia, pero no debe utilizarse como una regla matemática aplicable a todos los incendios.
No existe un coste idéntico por hectárea ni una relación universal entre prevención y extinción. Un incendio pequeño y accesible no cuesta lo mismo que uno de gran intensidad situado en un terreno montañoso.
Lo que sí puede afirmarse es que la prevención permite reducir riesgos y evitar una parte de los daños humanos, ambientales y económicos.
Además, el gasto preventivo puede planificarse. La emergencia, en cambio, obliga a movilizar recursos con rapidez y bajo unas condiciones que no permiten elegir siempre la alternativa más económica.
La prevención genera empleo
La prevención no debe verse únicamente como una partida presupuestaria.
Puede sostener empleos relacionados con:
Trabajos forestales.
Ganadería extensiva.
Ingeniería y gestión ambiental.
Vigilancia.
Tecnología.
Producción de biomasa.
Restauración del paisaje.
Educación ambiental.
Turismo de naturaleza.
La Comunidad de Madrid, tras los incendios de julio de 2026, anunció dos millones de euros para contratar prioritariamente a personas desempleadas de los municipios afectados y vincular parte de ese empleo a las labores de recuperación.
La medida llega después del incendio, pero muestra una idea importante: cuidar el territorio puede convertirse en una fuente de trabajo local.
Proteger el territorio es una responsabilidad compartida
La mayoría de la ciudadanía no puede diseñar un plan forestal, pero sí puede reducir riesgos:
Respetando las prohibiciones de hacer fuego.
Evitando colillas, petardos y herramientas que produzcan chispas.
No abandonando residuos.
Avisando al 112 ante una columna de humo.
Manteniendo las parcelas según la normativa.
Conociendo las rutas de evacuación.
Siguiendo siempre las indicaciones oficiales.
La prevención pública no elimina la responsabilidad individual.
Conclusión
La prevención forestal no ofrece imágenes espectaculares. No aparecen hidroaviones, llamas ni evacuaciones.
Precisamente por eso puede pasar desapercibida.
Sin embargo, el trabajo realizado durante otoño, invierno y primavera puede decidir la gravedad de un incendio en verano.
Invertir en prevención significa cuidar el bosque, apoyar al medio rural y proteger a quienes viven cerca de él.
Es una política ambiental, pero también económica, laboral y social.
Inma Díaz Sol
Profesora de Economía y Empresa

