Lo que la selección española puede enseñarnos sobre marca personal

Cuando pensamos en una marca solemos imaginar un logotipo, unos colores o un eslogan.

Sin embargo, una marca es mucho más que eso.

Una marca es aquello que sentimos cuando escuchamos un nombre.

Y pocas marcas en España generan tantas emociones como la selección española.

No importa si te gusta el fútbol o no. Cuando ves la camiseta roja, escuchas el himno o lees "Competimos para ganar", sabes inmediatamente de quién estamos hablando.

Eso no ocurre por casualidad.

Las grandes marcas se construyen durante años.

Una marca necesita un propósito

La selección española no vende un producto.

Representa unos valores.

Esfuerzo.

Trabajo en equipo.

Superación.

Orgullo de pertenencia.

Las personas no conectan únicamente con los resultados. Conectan con aquello que representa una marca.

Y eso ocurre exactamente igual con nuestra marca personal.

La pregunta no es quién eres.

La pregunta es:

¿Qué quieres que las personas recuerden cuando piensen en ti?

Un eslogan resume una identidad

Los mejores eslóganes no describen.

Transmiten.

En pocas palabras consiguen explicar una manera de hacer las cosas.

Por eso funcionan.

En mi caso, cuando digo:

"La economía está en todas partes."

No estoy hablando solo de economía.

Estoy diciendo que aprender economía es aprender a mirar el mundo de otra manera.

Ese es el verdadero poder de una marca.

Una marca se demuestra cada día

No basta con diseñar un logotipo bonito.

La selección española construye su marca en cada entrenamiento, en cada rueda de prensa, en cada partido y en la forma en que sus jugadores representan al equipo.

Nuestra marca personal funciona igual.

No es lo que decimos de nosotros.

Es lo que hacemos todos los días.

Cada clase que impartimos.

Cada artículo que escribimos.

Cada conversación que mantenemos.

Cada decisión que tomamos.

Las personas recuerdan cómo las haces sentir

Quizá dentro de unos años nadie recuerde el resultado de un partido concreto.

Pero sí recordará la emoción que sintió viéndolo.

Con las marcas sucede exactamente igual.

No recordamos solo lo que hacen.

Recordamos cómo nos hicieron sentir.

Por eso una marca personal no consiste en parecer diferente.

Consiste en ser coherente.

En transmitir siempre los mismos valores.

En dejar una huella.

Porque, al final, las mejores marcas no son las que más hablan de sí mismas.

Son las que consiguen que los demás quieran volver.

 
 

Inma Díaz Sol
Profesora de Economía y Empresa

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