🥚Huevos estrellados: cuando lo básico se vuelve gourmet
El ser humano ha desarrollado una asombrosa capacidad para sobrevivir a la repetición infinita de lo rutinario.
Hoy he hecho comida gourmet.
Huevos estrellados.
No porque tenga invitados.
No porque sea domingo.
Sino porque con el precio que tienen los huevos, freírlos ya es alta cocina.
Mientras el aceite chisporroteaba, pensaba en algo curioso:
nadie deja de comprar huevos aunque suban.
Nos quejamos, sí.
Miramos el ticket con indignación contenida, también.
Pero los seguimos poniendo en el carro, como quien acepta que hay batallas que no se ganan.
Y aquí entra la economía, aunque no lo parezca.
Los huevos son un producto de demanda inelástica.
Eso significa que, aunque suba su precio, seguimos comprándolos.
Porque forman parte de lo básico.
Porque están en la tortilla, en el bizcocho, en la cena rápida y en el “no tengo nada en la nevera”.
No hay muchas alternativas reales.
Y cuando no hay alternativa, el consumo resiste.
En cambio, hay otros productos que, si suben de precio, desaparecen de nuestra vida sin drama.
La comida preparada.
El capricho del viernes.
Ese “me lo pido porque me lo merezco”.
Eso es demanda elástica:
si sube el precio, compramos menos… o nada.
Los huevos han subido porque producirlos cuesta más:
la energía, el transporte, el pienso, todo ha subido antes que ellos.
Y cuando suben los costes, el precio acaba siguiendo el mismo camino.
No es una conspiración.
Es una cadena.
Así que hoy, mientras rompía la yema con el pan, pensé que la economía no siempre está en los libros.
A veces está en la sartén.
En el ticket del súper.
En lo que sigues comprando aunque te duela un poco.
Hoy, huevos estrellados.
Gourmet.
Por necesidad.
Nos vemos en el próximo amanecer.
Y si te has quedado pensando por qué algo tan simple como unos huevos ha subido tanto de precio…
te lo cuento en el siguiente artículo
Inma Díaz Sol
Profesora de Economía y Empresa

